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Noticias - Noticias Web - 24/05/2018

La impaciencia de Ciudadanos

iMG

Albert Rivera ya se ve en la Moncloa. Espoleado por los resultados en Cataluña y los sondeos de las encuestas, lanzó una proclama nacionalista, con rojigualda e himno nacional con letra de la llorona Marta Sánchez.

El naranjito tiene demasiada prisa; quiere ser el nuevo presidente del Gobierno. Su parloteo pretendía contrarrestar el discurso del xenófobo President Joaquim Torra, pero buscaba (de verdad) su propio provecho: acaparar votos en la “España profunda”, la que no quiere que Cataluña se vaya de rositas. El caladero de votos de la nueva derecha.

La prisa por llegar al poder ––a falta de otra cosa más profunda––, parece que es lo único que mueve a los partidos emergentes. A Ciudadanos no se le conoce ninguna base seria, ningún diseño inteligente o un proyecto eficaz. No hay nada detrás: sólo fachada. Siempre ha sido así desde la UCD; a la derecha le ha ido tan bien que no cambian.

En este país la ingeniería política ha sido sustituida por la impaciencia y la copia. Resultaba cómico ver como Pedro Sánchez imitaba a Obama y cómo ahora Riera emula a Macron.

En la Comunidad de Madrid, C’s ha permitido que siga gobernando el corrompido PP. Otra vez se le vio el plumero a Rivera. Si ha apoyado al Grupo Popular no ha sido por el bien de los madrileños, sino porque tiene pánico a las candidaturas de Gabilondo y Errejón. Y piensa que Garrido se desgastará durante el año que le queda y que los votantes, como un solo hombre, apoyarán a los de la derecha naranja. Más que una estrategia es el cuento de la Lechera.

Así pues, estamos atrapados entre dos nacionalismos: el catalán y su deriva xenófoba y el de Ciudadanos. La estelada contra la rojigualda. Els Segadors frente al bodrio de Marta Sánchez.

         Dice Baltasar Garzón: España es un país diverso y mestizo. A nuestro rostro se asoman los rasgos de antepasados íberos, celtas, romanos, musulmanes, judíos y cien razas más que conforman a todos los españoles. Es nuestra seña de identidad, el conjunto de todos los que nos han hecho lo que somos. Quien no lo sienta así no es un verdadero español o no sabe dónde vive. Nadie tiene más potestad por una tierra por el hecho de haber nacido en ella, sobre quienes la trabajan o la hacen prosperar, y, por ende, no puede haber ciudadanos de primera o segunda categoría, o sin categoría. Un país que establezca estas diferenciaciones no puede llamarse democrático.

  *   *   *

Por otro lado, esta mañana se ha conocido la sentencia de una de las ramas del caso Gurtel. De manera explícita, la Audiencia Nacional considera probado que el Partido Popular y la exministra de Sanidad, Ana Mato, se beneficiaron con la actividad delictiva de la trama.

Desde el partido del Gobierno se dice que los hechos de la sentencia no afectan al PP en modo alguno y que todavía no es firme. ¡Qué descaro!

Por su parte, Rivera afirma que hay un antes y un después (del fallo del Tribunal) en España. ¡Tachín, tachán!

Si quien nos gobierna actúa de manera corrompida y el que pretende gobernarnos se expresa de esta forma, no debería de extrañarnos la escasa confianza de los habitantes en sus instituciones democráticas.

A.    Sánchez Torres


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