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Noticias - Noticias Web - 10/12/2017

CRÍTICA DE LIBROS: El Último Caso de PHILIP TRENT, de E.C. Bentley

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SINOPSIS: De poco le servirá su poder al temido magnate estadounidense Sigsbee Manderson cuando el jardinero de su finca en la campiña inglesa lo encuentre muerto de un disparo... El pintor y detective aficionado Philip Trent, que sigue con entusiasmo el caso a través de los periódicos, descubre con su atenta lectura algunos detalles del crimen que parecen habérsele pasado por alto a las autoridades: ¿por qué no llevaba la víctima su dentadura postiza? ¿Y cómo es que su joven y bella viuda parece tan aliviada por la tragedia? A pesar de lo descabellado de algunos de sus razonamientos y de un inesperado interés romántico, la apasionada entrega de Trent al arte de la deducción conseguirá desvelar lo que nadie esperaba que alguien como él fuese capaz de encontrar: la verdad.

La obra maestra de Bentley, fruto del hartazgo que causaba en él la infalibilidad de Sherlock Holmes, marcó el comienzo de la modernidad en el género con un memorable protagonista cuyo encanto reside, precisamente, en su capacidad para reírse de sus propios errores, mientras avanza con jovialidad por una de las más ingeniosas tramas que el lector pueda recordar.

 

El precedente de la novela negra había sido la novela detectivesca. Sus protagonistas eran  detectives profesionales o aficionados, pero no policías. Edgar Allan Poe y Conan Doyle (a mediados del siglo XIX) retratan a un detective que emplea la deducción. El crimen es siempre individual y el móvil igualmente individual; en pequeñas comunidades cerradas. Es una novela de enigma; es decir, lo fundamental es descubrir al culpable.

La máxima figura de estos relatos de intriga ha sido sin duda Agatha Christie. Los crímenes que describe en sus libros se producen en el seno de la decadente aristocracia inglesa, cargada de sirvientes y mayordomos. Y de mujeres asesinas; tantas como hombres criminales. Son relatos sencillos, descritos sin morbo ni más sangre de la necesaria.

Posteriormente, desde 1920, se publica ya  con otro tipo de enfoque y de visión del crimen: no se trata tanto de descubrir quién dispara, sino quién ordena disparar. Esta será la antesala de la moderna novela  negra y criminal.

El libro que hoy me ocupa es un feliz descubrimiento que ha editado Siruela, con el buen gusto que le caracteriza. Escrita hace cien años, Bentley emplea aquí la prosa florida, aunque precisa, de principios del XX:

Irradiaba esa aura de vida sana y salud interna que es la gloria característica de la gente de su clase social a sus años”…

Más que mirar, inspecciona, con una mirada firme que se mueve de un pormenor a otro. Era la época en la que las huellas dactilares comenzaban a obtenerse como prueba de culpabilidad, por lo que es minuciosa su explicación detallada de cómo extraer las huellas.

En este afortunado relato no faltan los elementos clave del género: gente aristocrática, aburridamente rica, servidumbre y un detective aficionado con unas dotes casi sobrehumanas de observación.

Una característica peculiar de este libro es que, hacia la mitad de la novela, Philip Trent descubre quien es el asesino. Y, a partir de aquí, es como si comenzara otra novela. El autor va dejando ––a cuentagotas––  caer con mucha astucia pequeñas nuevas pistas sobre la investigación. La trama te mantiene en vilo hasta la penúltima página. Un requisito fundamental para una novela de intriga.

Es una delicia disfrutar del tono jovial del escritor y de la lectura de esta pequeña joya, que el paso del tiempo ha engrandecido. Una sorpresa placentera y que me permito recomendar con entusiasmo.

                                      Agustín Santos


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