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Noticias - Noticias Web - 08/10/2017

ESCALOFRÍO

iMG

La situación actual de Cataluña ha desbordado los cálculos de una y otra parte. Del No tenim por, después del atentado de Las Ramblas, hemos pasado a sentir una creciente impresión de miedo. Gran cantidad de españoles no se habían llegado a tomar en serio la amenaza separatista porque les parecía irrealizable. Estaban seguros de que el Estado, llegado el caso, abortaría de cuajo cualquier delirio secesionista. 

No ha sido así. Los acontecimientos sobrepasaron cualquier previsión. El Referéndum (aunque haya sido una pantomima de referéndum) y las cargas policiales ––que deberían evitarlo––, tan duras como ineficaces, consiguieron una solidaridad entre los habitantes de Cataluña, imprevisible hasta por sus propios convocantes.

También a los catalanes indepes les ha sorprendido la celeridad del proceso y la inutilidad del gobierno de Rajoy para impedirlo.

Para colmo, el discurso del Rey es como para enmarcarlo, un tremendo error. El Rey muestra firmeza (la misma que Rajoy), pero no muestra comprensión con algunos millones de sus súbditos catalanes, ni se ofrece como árbitro para el diálogo entre ambas partes. No tiende puentes. Se dice que hay un 80% de habitantes en Cataluña que no están de acuerdo con su actual forma de autogobierno. Felipe VI no se ha enterado.

Después de su discurso, los separatistas sentenciaron: “España no tiene remedio”.

Dos millones de catalanes apoyan a Puigdemont y su grupo. Están ahí  y se tiene que lidiar con eso. La lección ha sido dura; hemos asistido a una semana delirante con algunos toques surrealistas:

––Urnas que parecen tuppers, gente que vota más de una vez, policías que cargan contra ciudadanos y hasta contra bomberos… Que el referéndum fuera ilegal no significa que se pudiera combatir de cualquier manera.   

––De otro lado, un gobierno convocando una huelga General ¿cuándo o dónde se ha visto? Nunca, hasta este Govern.

Unos y otros han hecho el ridículo. Fingiendo, como en el póquer.

Rajoy ha buscado una victoria imposible. Este hombre está incapacitado para cualquier futura negociación; no comunica, no explica lo que está haciendo ni trata de hacer comprensibles sus decisiones. La cultura hegemónica del PP no es de esta época; es claramente franquista.

Puigdemont y su séquito se han apuntado a un nacionalismo supremacista extremadamente insolidario e infantil, que piensa que la ley es el resultado de la soberanía popular. Y no es así.

A partir del 1-O el independentismo empezó a dejarse notar y a considerar la imparable escalada del conflicto. Todo les era favorable… hasta que miles de catalanes comenzaron a trasladar sus ahorros a cuentas de Aragón. Téngase en cuenta que el vuelco en la situación no obedece a medida alguna del gobierno de Rajoy.

El dinero es miedoso. Ha bastado con que Caixabanc, Banco de Sabadell, Aguas de Barcelona, Gas Natural (y otras empresas) cambiaran de sede, fuera de Cataluña, para que los no independentistas despertaran de esta pesadilla secesionista (excepto Oriol Junqueras: No habrá huida de empresas…).

A partir de este suceso han proliferado las manis pidiendo diálogo, negociación y que las partes implicadas hablen. Se ha dejado notar la parte ––cauta y temerosa–– excluida, hasta ahora, en el Procés.

Por el momento, no se ha declarado unilateralmente la independencia, como se temía fundadamente en los días siguientes al uno de octubre.

Con todo, el asunto catalán está en carne viva y va a condicionar nuestro futuro. Porque los que han polarizado este debate no van a cambiar de posición.

Habrá que encontrar las palabras.

A.  Sánchez Torres


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