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Noticias - Noticias Web - 14/09/2017

ATRAPADO

iMG

En el asunto catalán, me siento atrapado entre Rajoy y Puigdemont.

El Jefe de Gobierno español no sabe qué hacer para detener la gigantesca bola de nieve que baja rodando por la ladera, sin perder la reputación entre los suyos.

Y al Molt Honorable no parece importarle tanto perder el referéndum como provocar una dura reacción del Gobierno antes del 2 de octubre. Ya lo ha dicho un diputado de ERC: “que haya presos políticos”.

Pillado entre las posturas de estas dos lumbreras me encuentro, fatigado y desalentado.

La gente se crispa y dice cosas tan gordas que el asunto se está convirtiendo en un campeonato de disparates:

- La Fiscalía amenaza con detener a 712 alcaldes, por ceder locales para la consulta.

- La Guardia Civil teme que vaya a ser el foco de las iras: que se´n vagin!

- “El Barça no contempla no jugar la Liga”.

–“La catedral de Barcelona debe ser convertida en un mercado”.

- “Estamos ante un laberinto arriesgado del que nadie conoce la salida”.

Desde hace un lustro, los representantes políticos catalanes están impulsando la celebración de un referéndum para independizarse de España y formar la República catalana. Esa consulta empieza a parecer inevitable, dada la radicalización de las dos posturas.

Veamos: un Referéndum es el procedimiento jurídico por el que se somete a votación popular una ley o asunto de especial importancia para el Estado.

La perturbadora pregunta que se plantea es: ¿Quiere que Cataluña sea un Estado Independiente en forma de república?

El problema de Cataluña afecta a la definición del modelo de estado. No se trata, pues, de elegir entre dos posturas, porque hay más de dos alternativas. ¿Hay contradicción entre ser catalán y español?

Deberemos cuestionarnos si la solución más adecuada para resolver el problema catalán es una consulta por referéndum. Y, en caso de que se creyese que era la medida adecuada, convocarlo con todas las garantías necesarias. Puesto que, si tuviera lugar este galimatías que el Parlament ha convocado para el día uno de octubre, lo haría sin las garantías más elementales: No hay Junta del Censo, no hay Ley Electoral, no hay neutralidad de los convocantes…

Tal como se ha montado, anula su razón de ser.

     Dice David Trueba: Por este camino, dentro de poco iremos a comer a una tasca y el propietario nos anunciará que ha impuesto la democracia en su local. A partir de ahora someterá a votación entre los comensales si de primero hay paella o gazpacho. Y la opción que gane se servirá a todos. ¿Es ese restaurante más democrático que el de enfrente que sirve gazpacho o paella según prefiera el cliente?

    Quienes han decidido que la democracia es ese lugar donde indepes y españolistas se enfrentan para ver quién se impone, necesitan que se les plante enfrente a una sociedad razonable y prudente que les recuerde que la sabiduría del sistema consiste en permitir que ambos convivan sin renunciar a ser distintos.  

    Albert Boadella cuenta una anécdota que viene a cuento: En el pueblo decidieron suprimir un paso a nivel y plantearon si la carretera debería pasar por debajo o por encima de las vías del tren. Lo sometieron a referéndum y ganó la opción de que la carretera pasara por debajo.

     No pudieron hacerla por las corrientes freáticas.

     Mejor hubiera sido consultar a un técnico.

     Y dejar en paz a los vecinos.

A.  Sánchez Torres


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