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Noticias - Noticias Web - 24/07/2017

Del libro: ´Calle de las Tiendas Oscuras´, de Patrick Modiano

iMG

Sinopsis de la editorial:Guy Roland es un hombre sin pasado y sin memoria. Ha trabajado durante ocho años en la agencia de detectives del barón Constantin von Hutte, que acaba de jubilarse, y emprende ahora, en esta novela de misterio, un apasionante viaje al pasado tras la pista de su propia identidad perdida. Paso a paso Guy Roland va a reconstruir su historia incierta, cuyas piezas se dispersan por Bora Bora, Nueva York, Vichy o Roma, y cuyos testigos habitan un París que muestra las heridas de su historia reciente. Un relato que nos sitúa ante un yo evanescente, un espectro que trata de volverse corpóreo en un viaje de retorno a un tiempo olvidado. Pero esta búsqueda es también una poderosa reflexión sobre los mecanismos de la ficción. Calle de las Tiendas Oscuras es una novela (que en su día ganó el Premio Goncourt 1978) sobre la fragilidad de la memoria que, sin duda, perdurará en el recuerdo.El autor es Premio Nobel de  2014.

 

 

Hace días, el entrañable Tomás Llorens me recomendaba en mi casa esta novela, que yo no había leído. De Patrick Modiano conocí su guion de Lacombe Lucien, la película de Louis Malle. Me atrajeron algunos de los títulos que Modiano ponía a sus obras (La hierba de las noches, En el café de la juventud perdida, Más allá del olvido, Flores de ruina).

Y, en particular, me ha cautivado La calle de las Tiendas oscuras, su sexta novela escrita en 1978; se desarrolla a mediados de los años sesenta y las pesquisas de su protagonista, un detective amnésico, le llevan a los días de la ocupación.

La pregunta inicial del libro (No soy nada. Sólo una silueta clara, aquella noche, en la terraza de un café) ya marca los recuerdos, la memoria y la identidad. Cualquier pista va a servir para que su protagonista recupere vivencias tan importantes. Los éxitos de la búsqueda siempre son parciales y precarios; se pueden desmoronar en un instante. Modiano ha elegido relatar en primera persona, por lo que transmite al lector las incertidumbres de Roland. Son continuas las justificaciones del protagonista (¿Y él qué sabia?) que se siente perdido.

Un hombre, que no recuerda quién es, nos va llevando por los vericuetos del relato. La omisión, lo que el autor no cuenta, puede ser tan importante como la apariencia. Las escasas averiguaciones que Guy Roland consigue le van causando recelos (decidí dejarlo hablar porque a lo mejor otra pregunta lo espantaba), desconfianzas y sospechas, giros sorprendentes y compartimentados. Las intermitencias de la memoria.

La última frase de la novela es una delicia: ¿Y acaso no se esfuman en el crepúsculo nuestras vidas con la misma rapidez que ese disgusto infantil?

A lo mejor, una vida es un retazo de cosas que vienen a la memoria.

Una novela muy sugestiva.

Agustín Santos


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