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Noticias - Noticias Web - 15/06/2017

Apuntes tras la moción de censura

iMG

El término medio no está en repartir culpas. Seguramente uno no puede ser objetivo, pero debe de ser honrado ante lo que ha visto.

Durante largos años el bipartidismo (Partido Popular y PSOE) nos ha estado gobernando en la democracia.  Últimamente, los votantes aprobaron una oportunidad de acabar con la hegemonía de aquellos dos partidos, cuando surgieron Podemos y Ciudadanos y alteraron la fisonomía política de España, una población de 47 millones de habitantes.

Esta transformación no se plasmó en la realidad: continúa gobernándonos el PP.

¿A qué se debe esta paradoja? Ocho millones de votantes (el 33%) parecen avalar la corrupción (los que votaron a los populares), frente al 67% de electores que eligieron otras opciones. Es decir, el 67% de los que votaron no querían la opción del partido que nos gobierna.

Es tan simple como el mecanismo de un mondadientes.

Podemosdecidió hacer una moción de censura a Rajoy porque la situación actual resultaba  insoportable. Y había que dar un paso al frente.

Corrupciónes echar a perder, pudrir algo; en este caso, la libertad y la democracia. Un sistema corrupto jamás conserva limpias sus instituciones de control. Las últimas semanas nos habían evidenciado los objetivos del gobierno para controlar la judicatura y las instituciones.

Con  el PSOE en estado catártico, tratando de purificar los errores cometidos con su Secretario General (lo de Pedro Sánchez es como un cuento infantil: el chico expulsado vuelve por aclamación del pueblo y ahora manda él), Pablo Iglesias juzgó conveniente no demorar más una censura al Gobierno. Previamente advirtió de que estaba condenada al fracaso, al no poder contar con los diputados necesarios para desalojar a Rajoy.

Y vinieron los palmeros de turno y los medios de comunicación afines a la derecha (todos, en la práctica) tachando de “circo”, “espectáculo” y lindezas por el estilo.

Iglesias se quedó solo ante el peligro.

En la primera sesión, Irene Montero se reveló como una formidable  portavoz y estupenda oradora. Fue desgranando los interminables casos de corrupción hasta conseguir que la bancada  popular pusiera cara de funeral y afloraran los nervios desatados ante la acusación de la nueva fuerza democrática. Hasta ese momento habían tenido un comportamiento chulesco y grosero. Unos recién llegados les llenaron de bochorno.

Aunque los días anteriores ninguneaba a Iglesias y su ocurrencia, Rajoy tuvo que entrar por tres veces a debatir.

Ante la catarata de acusaciones y censuras por las prácticas corruptas a Mariano Rajoy se le ocurrió la simpleza de exaltar una mejora de la economía. No tiene nada que ver la muy discutible (según a quien se le pregunte) mejoría financiera con la corrupción. Pero como Rajoy esperaba que quien abriera el debate fuera el líder de Podemos, tuvo que leer ante Irene Montero  la respuesta que llevaba preparada para Iglesias. No obstante se trabucó lo habitual, solamente. Como cuando aseguró que Podemos atacaba a España “una nación ejemplar”. Como si todo Dios fuéramos antiespañoles y los que votan al PP, no.

Ante las sucesivas réplicas y contrarréplicas ––ya sin papeles–– el jefe de gobierno se desparramó y tartamudeó. Aquí, Pablo Iglesias estuvo brillante, con tono ponderado, ilustrador y didáctico. Se cumplía su primer objetivo en la moción; el segundo era desgastar a Rajoy.

Luego tendrían lugar serios rifirrafes con Ciudadanos: “Es la muleta perfecta del PP. No hay nadie que piense que Ciudadanos pueda formar algo diferente al bloque de poder que representa el Partido Popular. Cien veces nos dijeron en la campaña que no darían la investidura al PP y se la dieron, a pesar de verlo lleno de corrupción”. El votante, asqueado por la corrupción y que oscila entre PP y PSOE, ahora lo tiene claro: vota a Rivera, que juega por el centro derecha.

Tras la moción de censura, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias han intercambiado mensajes y se han emplazado para después del congreso del PSOE para construir una alternativa posible y desalojar del gobierno a Rajoy.

Seguramente, el tercer objetivo de Iglesias.

Por A. Sánchez Torres


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